En diálogo con Canal 4 Regional, el médico y capacitador en seguridad vial Osvaldo Aymo brindó un pormenorizado análisis sobre las políticas de tránsito y la siniestralidad vial, desmitificando conceptos arraigados y respaldándose en investigaciones científicas internacionales para explicar qué medidas logran salvar vidas de manera efectiva.
Aymo citó estudios bibliográficos mundiales que clasifican el impacto real de las intervenciones sobre el tránsito. En ese esquema, ubicó en la cima de eficacia al diseño y la tecnología de las vías y de los vehículos: «Es lo más efectivo porque no depende de la voluntad del hombre. En cambio, la legislación, el control y la sanción dependen del factor humano: el día que alguien no cumplió, se produce el desastre. Y por último, la menos efectiva de todas es la educación vial tradicional», sostuvo.
En ese sentido, el especialista cuestionó los enfoques pedagógicos que se aplican habitualmente en los primeros niveles escolares: «Van a salas de 5 años a enseñar señales de tránsito. Las señales son mensajes abstractos armados por adultos y para adultos; los chicos no tienen idea de lo que es un mensaje abstracto», remarcó, señalando la necesidad de repensar cómo se transmiten los conceptos de convivencia vial.
Como contrapartida, destacó el modelo de Suecia —país con los índices más bajos de siniestralidad letal— a través de la política estatal de «Visión Cero», implementada a fines de los años 90. Dicho enfoque asume que el ser humano es imperfecto y propenso al error, por lo que el entorno vial debe estar proyectado para perdonar la equivocación y evitar consecuencias fatales o discapacidades.
Como ejemplo concreto, Aymo valoró la reconversión a rutas «2+1» y la colocación de guardarraíles centrales: «En vez de pintar una doble línea amarilla que nadie respeta, se coloca una barrera física. Si alguien comete un error, el guardarraíl no lo deja pasar de carril. Así lograron bajar a cero los choques frontales y los muertos por ese tipo de impacto», concluyó, contrastando esa realidad con la gravedad recurrente de los siniestros frontales en las rutas y autopistas argentinas.



