Nació en 1955 como un despacho de vino suelto en bordalesas fundado por el padre de Juan Carlos Mattio. Con el paso de los años mutó a bar, comedor, almacén y supermercado, resistiendo las crisis económicas. Hoy, las nuevas generaciones le dan una impronta renovada que integra almacén y verdulería.

En Serodino, los comercios tradicionales no solo abastecen las compras cotidianas de los vecinos, sino que conservan la memoria histórica y productiva del pueblo. Es el caso de Almacén Maktub, ubicado en una clásica casona de esquina, cuya trayectoria comercial data de mediados de la década del cincuenta.

En diálogo con Canal 4 Regional, el comerciante Juan Carlos Mattio relató los comienzos de la iniciativa que puso en marcha su padre: “Mucha gente joven por ahí no conoce desde cuándo se inició esto. En esa época no existían las vinotecas de ahora; mi papá arrancó en el año 1955 vendiendo vino suelto en bordalesas, fraccionado en botellas. Luego, en los años 70, sumó un bar con venta de comidas al paso y, hacia 1980, se convirtió en comedor. Fue mutando a lo largo de las décadas”.

La continuidad familiar dio un nuevo paso a fines de los años ochenta, cuando Juan Carlos abrió formalmente su primer negocio: “En 1989 abrí un almacén chiquito de venta suelta. Más adelante cerramos el bar, agrandamos las instalaciones y montamos un supermercado. Como pasa siempre en la Argentina, los vaivenes económicos hicieron que volviéramos a achicarnos para sostenernos”.

Lejos de detenerse, la familia relanzó el emprendimiento apostando al relevo generacional y a la modernización estética y comercial del local: “Reiniciamos todo con mi hijo mayor, Matías, y mi nuera, Ivana, que le dieron una impronta nueva al almacén, y mi otro hijo, Leandro, que está a cargo de la verdulería. Seguimos trabajando todos juntos en familia, que es lo principal”, concluyó Mattio.