En un fallo dictado en los tribunales provinciales, el Tribunal de Primera Instancia —integrado por los jueces Dres. Leiva, Aguirre y Lamas González— condenó a Lucas M., de 33 años, a la pena de 16 años de prisión de ejecución efectiva.
La resolución judicial abarca una serie de graves delitos cometidos contra quien era su pareja: tentativa de femicidio agravado por el vínculo y por violencia de género, amenazas coactivas y abuso sexual con acceso carnal en carácter de hechos reiterados.
Un ataque brutal motivado por el consumo de drogas
La acusación, llevada adelante por la fiscal de la Unidad de Contexto de Género, Dra. Manuela Dalcol, detalló el horror que padeció la víctima. El hecho principal ocurrió el 18 de febrero de 2017 en la vivienda que ambos compartían junto a su hijo en la localidad de Ibarlucea.
En medio de una violenta discusión, donde el agresor le exigía dinero a la mujer para comprar estupefacientes, el imputado tomó un bidón de combustible utilizado para la máquina de podar césped. Roció a la víctima con nafta y le arrojó un encendedor, provocando que sus prendas y su cuerpo se encendieran de forma inmediata, con la clara intención de causarle la muerte.
La joven logró salvar su vida gracias a una rápida cadena de auxilio:
- La intervención de su padre, quien acudió de inmediato a socorrerla.
- La ayuda de un vecino, que la trasladó de urgencia al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde recibió asistencia médica crucial para sus graves heridas.
Amenazas y abusos en el postoperatorio
La Fiscalía demostró que la violencia no cesó tras el ataque. Mientras la víctima era asistida por las quemaduras, Lucas M. la amenazó de muerte para evitar que lo denunciara.
Para garantizar su impunidad, el agresor permaneció de forma constante junto a la cama de la mujer durante todo el período de internación, vigilándola estrechamente para que no relatara la verdad de lo sucedido a las autoridades o familiares.
Posteriormente, la investigación judicial pudo comprobar que el hombre perpetró reiterados abusos sexuales contra la víctima durante los fines de semana subsiguientes al ataque. Por razones de respeto y para salvaguardar la integridad psicológica y física de la víctima, los detalles específicos de la mecánica de estos últimos abusos se mantuvieron en reserva en el expediente judicial.



