La Biblioteca Municipal "José Hernández" ofrece talleres gratuitos de estimulación cognitiva, dibujo y bordado. Más allá del aprendizaje, el grupo se ha consolidado como una red indispensable de apoyo emocional y social para sus integrantes.

La Biblioteca Municipal «José Hernández» de Funes abrió sus puertas para albergar una nueva etapa de un proyecto entrañable que lleva entre 12 y 14 años abrazando a los adultos mayores de la región. Bajo la atenta coordinación de la profesora Alejandra Genoleti, el espacio ofrece talleres gratuitos orientados a la memoria (o estimulación cognitiva), el dibujo y el bordado.

Las clases se llevan a cabo los días lunes, miércoles y viernes en el horario de 9 a 12 horas. Durante estas jornadas, los asistentes mantienen sus mentes activas resolviendo sudokus, buscando palabras y perfeccionando habilidades manuales. «Están activos totalmente«, destaca la docente sobre el grupo, y aclara que si bien el espacio actual de la biblioteca es algo reducido y requiere subir escaleras, «el corazón es grande y siempre hay un cupo para alguien más«.

Sin embargo, el verdadero valor de estos encuentros trasciende los ejercicios en papel, los lienzos o los hilos de colores. Para los participantes, el taller es un refugio contra la soledad. La diversidad del grupo enriquece cada mañana: desde Fernando, un colombiano oriundo de Manizales que llegó a Argentina por amor en los años 90 y valora la «tranquilidad y paz» de la ciudad, hasta el infaltable folclore futbolero rosarino, con alumnas que exhiben orgullosas sus colores y chicanas amigables entre «canallas» y «leprosos«.

El impacto emocional del espacio quedó resumido en el conmovedor testimonio de una de sus integrantes, quien confesó que el grupo y la profesora la salvaron de un profundo «bache psicológico» al encontrarse sola en su casa. «Agradezco a la biblioteca que nos abrió la puerta. Para nosotras, que estamos al final de la vida, es muy importante. Acá se nos considera como seres humanos, no como descarte«, reflexionó entre lágrimas, dejando en evidencia que, entre trazos y mates, lo que realmente se teje en Funes es una gran familia.