El economista Silvio Cañas destacó que el índice del último mes es el más bajo desde mediados del año pasado. Si bien el rubro de alimentos se ubicó por debajo del promedio general, advirtió que la falta de demanda y la apertura de importaciones están funcionando como un freno forzado para los precios.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) presentó el informe correspondiente al Índice de Precios al Consumidor (IPC) de junio, el cual registró una variación del 1,9%. En diálogo con Canal 4 Regional, el economista Silvio Cañas analizó el comportamiento de las variables económicas y explicó qué factores incidieron en esta notable desaceleración con respecto a los meses previos.

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El contexto histórico y la tendencia

Cañas señaló que, para encontrar un registro similar al 1,9%, es necesario retrotraerse a julio o agosto del año pasado. Cabe recordar que, a partir de ese período, la inflación inició una escalada alcista que se estacionó hacia diciembre y enero, alcanzando su pico más alto en marzo con un 3,8%. Aquel número encendió las alarmas oficiales y puso en tela de juicio la sustentabilidad del plan económico general.

Sin embargo, el economista explicó que el pico de marzo estuvo fuertemente condicionado por factores internacionales:

«En ese momento sufrimos el impacto de la guerra en Medio Oriente, que generó un caos en el precio del petróleo y un aumento en el resto de los valores. Eso impactó directamente en los medios de transporte y el turismo; de hecho, los vuelos que se pagaron en junio todavía arrastraban ese desfasaje.»

A partir de allí, la tendencia comenzó a mostrar un descenso paulatino mes a mes.

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Alimentos por debajo del promedio: el factor consumo

Uno de los datos más llamativos del desglose de junio fue el comportamiento del rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas, que se incrementó un 1,3%, ubicándose considerablemente por debajo de la media general. Según Cañas, esto responde a dos motivos principales: la estabilidad de costos ante la ausencia de paritarias salariales abiertas (como en el sector de empleados de comercio) y, fundamentalmente, la recesión.

«La realidad es que no hay consumo. Vos no podés seguir aumentando los precios cuando no tenés la posibilidad de vender. Al no haber demanda, los comerciantes tienen que intentar mantener los valores e incluso salir con ofertas para renovar stock. Pensemos que los alimentos frescos de verdulerías o carnicerías no son bienes estokeables a largo plazo; se tienen que vender rápido.»

Ante la consulta de si esto representa una baja de precios, el especialista aclaró que no se trata de una deflación, sino de una desaceleración: los precios siguen subiendo, pero a un ritmo mucho más lento y «remolón».

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La indumentaria y el techo de las importaciones

Otro sector que mostró un incremento mínimo fue el de prendas de vestir y calzado. Cañas recordó que este rubro viene manteniéndose en los escalones más bajos del IPC desde hace varios meses debido al cambio de política comercial:

  • Apertura de importaciones: El ingreso de productos terminados desde el exterior con valores más económicos genera una competencia directa.
  • Techo a la producción nacional: Al haber opciones importadas más baratas, la industria textil local se ve imposibilitada de remarcar sus precios, ya que el mercado le fija un límite infranqueable para poder subsistir.

De cara al próximo semestre, el economista estimó que el mes de julio podría consolidar esta tendencia e incluso registrar un número levemente menor, asentando las bases del modelo de inflación que busca el gobierno.