Innumerables emociones en sus más de 20 años de carrera nos dejó Franco Casañas, el roldanense que se cansó de romper redes.
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El fútbol de nuestras ligas es el último reducto del juego en sí, lejos del VAR y de las luces de los grandes medios y más cerca de la gente y de las pasiones despojadas de las falsas guirnaldas, y también repleto de pequeñas grandes historias que se quedan para siempre en nuestra memoria.
Uno de los que ha construido una gran historia con un camino lleno de alegrías y que se supo ganar el cariño de la gente es Franco Casañas, el “Beto”, el “Mostro del Gol”, que emigró de un Roldán que en su juventud no ofrecía demasiadas opciones para jugar y que tras un largo andar encontró su lugar en el mundo en la localidad de El Trébol, donde se convirtió en el gran ídolo de Trebolense.
Formado en el club roldanense San Lorenzo y con un paso por el Atlético San Jerónimo, en plena adolescencia recaló en Almagro tras probarse en varios clubes, debutando en Primera contra Los Andes y convirtiendo el empate agónico en el 2-2.
Luego tuvo un paso por San Martín de San Juan para recalar por primera vez en Trebolense en el 2007. Luego de una lesión de ligamentos siguió allí hasta el 2010 para jugar en Real Arroyo Seco, Guabirá de Bolivia y en La Emilia de San Nicolás para retornar a Trebolense y tener luego pasos por Atlético Sastre y Americano de Carlos Pellegrini pero siempre para volver a lo que define como su lugar en el mundo.
Nada menos que 247 fueron los gritos de gol de Franco en la Liga Departamental San Martín, 220 de ellos con la casaca celeste y blanca, para erigirlo en una verdadera leyenda del fútbol chacarero. El artillero le dice adiós al fútbol de primera pero afirma que su intención es poder jugar en la categoría senior, donde afortunadamente los hinchas podrán seguir gritando sus goles.
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