Un verdadero gusto nos dimos en CR Deportes con la comunicación que entablamos con Juan María Traverso, el último (y acaso el máximo junto a Fangio) gran ídolo del automovilismo argentino que, con la misma pasión que ha caracterizado su vida y su trayectoria, se encuentra trabajando desde su cargo de presidente de la Asociación Argentina de Volantes para el regreso a la actividad.
La AAV es una mutual sin fines originada en el año 1931 por los pilotos para atender las urgencias médicas de cada accidente en carrera (competencias de deporte motor, automovilísticas y motociclísticas) brindándoles un subsidio médico, teniendo hoy cobertura a unos 30 mil corredores de toda la Argentina en casi 400 categorías, quienes “se pagan sus propias piñas” tal como indicó el Flaco de Ramallo.
Con un gran despliegue en este tiempo de pandemia, donde ha sabido conectarse como nadie con todos los medios del país, desde los más chicos a los más grandes, y con presencia activa en las redes sociales, Traverso trabaja intensamente junto a sus colaboradores para el retorno a las pistas para poner en marcha no sólo lo que es el deporte en sí sino a todos los que dependen de la actividad que directamente brinda trabajo de manera directa a unas 55 mil familias.
Esa labor comienza a plasmarse con el reinicio paulatino de las labores bajo un estricto protocolo sanitario “que es exactamente el mismo que tiene la Fórmula 1” ya que pidieron estas reglamentaciones a la FIA, la Federación Internacional de Automovilismo, y es el que ya están aplicando en aquellas categorías que han retornado a las pistas.
Al 16 veces campeón y 7 veces subcampeón en casi tres décadas y media de trayectoria no pudimos dejar de consultarle sobre la actualidad del deporte motor, donde Traverso es crítico desde el punto de vista que “hoy es más importante el auto que el piloto”, y reiterando que su sueño es poder lograr que el piloto maneje un coche y no al revés, modificando sustancialmente las reglamentaciones para que la conducción sea tan o más relevante que la tecnología.
Y si hablamos de trayectoria, la misma se encuentra resumida en El Galpón Del Flaco, esa joya que tiene en el mismo predio de su finca ramallense y donde entre trofeos, fotos y anécdotas se encuentran autos de carrera inolvidables para los fanáticos fierreros de toda la historia, como la cupé Renault Fuego “que se prendió fuego”, la gloriosa cupé Chevy violeta y su sucesor Falcon también violeta, la Liebre con la que debutó en 1971 en el TC y el Torino que fue su último coche.
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