Tras sufrir pérdidas irreparables y alejarse de la dirigencia, Oscar regresó en 2017 para reconstruir una institución que hoy alberga a casi 400 deportistas. Una historia de resiliencia, disciplina y compromiso social en el corazón de Funes.

La historia de Oscar Arregui está ligada de forma indisoluble al Club Atlético Funes. Quien fuera vicepresidente en los años 80, debió alejarse de la gestión en el año 2000 tras una tragedia familiar. Sin embargo, la vida -y el destino del club- lo trajeron de vuelta en 2017 para enfrentar un desafío inmenso: una institución que, en aquel entonces, se encontraba sin fútbol y con apenas un puñado de deportistas.

«En 2017 me llamaron para volver. Yo me había jubilado y había pasado por la pérdida de otro hijo; estaba medio ‘al pepe’, como se dice, y acepté«, relató Oscar en una emotiva entrevista con Informe Regional. Con una impronta basada en la disciplina y la excelencia, Oscar inició una transformación profunda. «Dije: ‘el que no sirve, se va’. Empezamos a trabajar en serio, buscando buenos profesores, porque si el profesor es bueno, el chico viene contento y el padre colabora», explicó sobre su filosofía de gestión.

Crecimiento exponencial 

Los números hablan por sí solos. De no tener fútbol, el club pasó a contar hoy con 197 chicos en la disciplina. El vóley, que practicaban apenas doce personas, hoy supera los 190 integrantes. A esto se suman actividades como tenis y karate, consolidando un espacio de crecimiento constante.

Uno de los hitos recientes fue la participación de cuatro equipos de vóley en un torneo de nivel internacional en Córdoba a fines de 2024. «Dormían en salones, llevamos colchones, les dábamos de comer. Los padres trabajaron a la par nuestra porque ven a sus hijos felices. Eso es el Club Funes«, destacó con orgullo.

Una barrera contra la calle 

Para Oscar, la función del club trasciende lo deportivo. «Queremos sacar a los chicos de la calle. Quizás a los 18 años algunos no lleguen a ser profesionales, pero ya están formados, piensan en otra cosa y no en pavadas«, reflexionó. Bajo su mirada, el club ocupa un lugar sagrado en la formación de las personas: «Es la tercera casa: después de la casa de uno y de la escuela, viene el club».

Hoy, el Club Atlético Funes es un refugio de contención donde niños desde los 4 años empiezan a correr tras una pelota que, a veces, es más grande que ellos, pero que les marca un camino de valores para toda la vida.