La sociedad argentina se caracteriza por reaccionar con espasmos o en definición más apropiada de calambres, ya que ante muchas situaciones reacciona con una contracción sumamente dolorosa pero que termina siendo inofensiva y temporal para perderse finalmente en las tinieblas del olvido.
El crimen de Ludmila Pretti es otro calambre de la inacabable cadena de calambres que tiene nuestro país y que seguramente por la inviabilidad en todo orden que nos caracteriza va a quedar en el olvido hasta que otro caso vuelva a sacudir el músculo social: apenas 14 años tuvo de vida para terminar abusada, asesinada y descartada como si fuese apenas una cosa.
A fines de julio era Julieta Del Pino la víctima en un hecho cometido en Berabevú, en una causa que no ha tenido avance alguno y donde Julieta muere una y otra vez en la indolencia de una Argentina que se preocupa por payasear en las redes sociales o de defender a uno u otro bando de una grieta que únicamente les devuelve sombras y hacen negocios entre sí.
En esta oportunidad volvimos a tomar palabra autorizada para esta pandemia sin titulares que nos aqueja históricamente. Por ello compartimos la palabra de Gabriela Sosa, referente de la agrupación MuMaLa, Mujeres por la Matria Latinoamericana, quien expresó todo su repudio ante este enésimo crimen y también tuvo un punto para referirse al impune crimen de María Soledad Morales, cometido en Catamarca hace tres décadas y donde los culpables se ampararon bajo la mesa del dinero y el poder.
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