El calendario marcó este último sábado dos años de aquel fatídico 11 de abril de 2024, un día que quedó grabado a fuego en la memoria de los habitantes de Lucio V. López. Aquel jueves al mediodía, el silencio de la localidad se rompió con los gritos desesperados de María Eugenia Domínguez (37), quien intentaba escapar de una muerte anunciada.
María Eugenia fue interceptada en la Avenida Belgrano al 500 mientras intentaba huir de su vivienda junto a su pequeña hija de cuatro años, buscando refugio de la violencia que sufría en su hogar. Sin embargo, su pareja, un hombre de 64 años, la persiguió y la atacó brutalmente con un arma blanca delante de la menor, provocándole la muerte de forma instantánea.
Un historial de desprotección
El femicidio de María Eugenia no fue un hecho aislado. La víctima ya había radicado múltiples denuncias previas por violencia de género contra el agresor, lo que en su momento desató una ola de indignación sobre la eficacia de las medidas de protección y el acompañamiento estatal a las víctimas en pequeñas localidades.
«Le pegó patadas, se fue a la casa, volvió con un cuchillo y le empezó a dar. A las doce del mediodía, y delante de la nena», recordaba con horror una vecina en aquel entonces, reflejando el ensañamiento del atacante.
La situación del femicida
Tras cometer el crimen, el hombre intentó quitarse la vida con la misma arma, pero la intervención de los vecinos permitió que la policía lo detuviera y lo trasladara bajo custodia a un centro de salud en Rosario. El caso quedó en manos del Fiscal Leandro Lucente, de la sede de San Lorenzo, y la Policía de Investigaciones (PDI).
A dos años del hecho, el reclamo de justicia por María Eugenia sigue vigente. Su caso se transformó en un símbolo de lucha para la región, recordando la importancia de los dispositivos de seguridad para mujeres que, como ella, se atrevieron a denunciar pero no encontraron el amparo necesario.




