Tras una campaña que había comenzado con muy buenas perspectivas, impulsada por abundantes lluvias y un trigo récord cercano a las 28 millones de toneladas, el escenario productivo atravesó un febrero complejo. Según explicó el Ing. Cristian Russo, las precipitaciones llegaron tras una prolongada falta de agua desde fines de diciembre, lo que permitió evitar un panorama “muy desastroso” para la soja de primera. En varias zonas se observa una recuperación, aunque desigual, especialmente en áreas cercanas a Rosario, donde el agua demoró más de lo esperado.
Sin embargo, el alivio hídrico vino acompañado de eventos extremos de granizo y viento que afectaron una superficie inusualmente extensa. Corredores productivos como Monte Buey y Montes de Oca recibieron entre 80 y 100 milímetros, pero con daños severos: se estima que el fenómeno impactó sobre unas 400.000 hectáreas, con pérdidas superiores a las habituales para este tipo de tormentas. A esto se suman unas 900.000 hectáreas perdidas en la región núcleo, principalmente en sojas de segunda por la sequía previa, lo que representa un golpe productivo significativo que se reflejará en los números finales de la campaña.
De cara a lo que viene, Russo adelantó una señal alentadora: marzo podría presentar lluvias en torno a la media o incluso superiores, lo que abre una ventana para mejorar los rindes de la soja de segunda. Aunque la proyección inicial de 17 millones de toneladas deberá ajustarse tras los daños, el especialista sostuvo que aún hay margen para no caer demasiado por debajo de ese nivel. “Seguimos dependiendo del clima, pero todavía estamos en carrera para mejorar”, concluyó.



