El reciente caso de Agustina ha provocado una profunda conmoción en la sociedad argentina, exponiendo de manera cruda la extrema vulnerabilidad a la que están expuestos los adolescentes. Así lo analizó el especialista Arístides Álvarez en los estudios de Canal 4 Regional, quien señaló que este hecho trágico conjuga dinámicas de control, redes de engaño y violencia machista. «Nos interpela nuevamente a toda la sociedad para ver qué estamos haciendo mal, qué no estamos haciendo y qué podemos hacer», reflexionó.
La urgencia de recuperar la palabra
Para Álvarez, el problema central radica en la falta de comunicación y apoyo dentro del entorno cercano de los jóvenes. «Evidentemente no estamos haciendo lo correcto; está faltando escucha, está faltando diálogo, está faltando confianza para que los adolescentes nos cuenten sus problemas, sus ansiedades y sus dudas», remarcó el especialista.
En este sentido, propuso un cambio de paradigma en la crianza y el acompañamiento:
- Se debe salir del control estricto que existía años atrás y pasar a una construcción de confianza mutua.
- Es fundamental posibilitar en los jóvenes el desarrollo del pensamiento crítico para que sepan discernir situaciones de peligro.
- Deben aprender a reconocer por sí mismos si un adulto los está engañando o llevando a un lugar de riesgo.
- Necesitan comprender las consecuencias negativas que trae para su salud mental mostrar una foto de su cuerpo desnudo en redes sociales o participar en apuestas en línea.
Sociedad quebrada y padres ausentes
Al analizar el contexto actual, Álvarez coincidió en que atravesamos un momento de sociedad «rota, quebrada, angustiada y desesperanzada». Advirtió que la situación económica influye profundamente, ya que empuja a los padres a trabajar más horas, reduciendo drásticamente el tiempo que comparten con sus hijos.
Como reflejo de esta problemática, el especialista compartió una anécdota alarmante sobre un reciente taller dictado para familias: «Me sorprendió ver que la mayoría eran abuelos, no estaban los papás». Esta ausencia, ya sea por cansancio laboral o falta de interés, deja a los jóvenes a la deriva. En consecuencia, los adolescentes quedan más expuestos en el entorno digital. «Es un grave error para ellos pensar que la escucha la van a tener a través de un chat, porque detrás de esa persona no sabemos quién está; es urgente», concluyó Álvarez.



