El pasado sábado 8 de septiembre se conmemoró en todo el planeta el Día Mundial de la Fibrosis Quística, con el objetivo es concientizar y sensibilizar a la población sobre la situación y necesidades de los pacientes que sufren la misma y eliminar las desigualdades en el acceso a los tratamientos para, de esta manera, mejorar la calidad de vida de los afectados.

    En la ocasión de esta fecha dialogamos en la localidad de Ibarlucea con Ligia San Germés, cuyo hijo padece esta enfermedad que consiste en una “alteración genética que afecta a las zonas del cuerpo que producen secreciones, dando lugar a un espesamiento y disminución del contenido de agua, sodio y potasio originándose la obstrucción de los canales que transportan esas secreciones y permitiendo que dicho estancamiento produzca infecciones e inflamaciones que destruyen zonas del pulmón, hígado, páncreas y sistema reproductor principalmente”.

    Cabe destacar la fibrosis quística es una patología genética hereditaria, es decir, el bebé nace con ella y por lo tanto no es contagiosa. Por el momento no tiene cura, aunque hay avances científicos en ese sentido. En algunos casos, los trastornos digestivos, la imposibilidad de subir de peso y los problemas respiratorios aparecen de inmediato, pero en ocasiones tardan meses en manifestarse, y en algunos chicos se presentan sólo de manera leve por lo que pueden pasar años hasta que llegue el diagnóstico, empeorando con el paso del tiempo su situación.

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