El secretario de Cambio Climático y jefe de Bromatología de Funes, Federico Estella, explicó los resultados del estudio técnico realizado junto a investigadores del CONICET y la Universidad Nacional del Comahue. Aclaró que la presencia de metales y microplásticos en las piedras responde a la polución antropogénica presente en la troposfera y no a una manipulación climática intencional.

Tras la viralización de versiones y conjeturas sobre el origen de los materiales hallados en el granizo que azotó a la ciudad de Funes el 28 de marzo de 2025, el secretario de Cambio Climático y jefe de Bromatología local, Federico Estella, brindó precisiones sobre el informe científico elaborado por especialistas e instituciones académicas.

Un estudio con rigor científico que descarta ataques climáticos

Ante las versiones sobre supuestas intervenciones deliberadas o proyectos de geoingeniería, el funcionario remarcó que las conclusiones del estudio no avalan dichas hipótesis:

  • Instituciones intervinientes: La investigación contó con la participación de profesionales del CONICET, de la Universidad Nacional del Comahue, epidemiólogos y especialistas en la materia.
  • Sin evidencia de manipulación: «Nada en el estudio indica que esto haya sido provocado a propósito o que responda a geoingeniería. Lo que se comprobó científicamente es la composición físico-química del fenómeno, no una intervención externa», sostuvo Estella.
  • Elementos detectados: Los análisis de laboratorio sobre las muestras de hielo compacto identificaron trazas de calcio, potasio, aluminio, arsénico, bario, plomo, manganeso, nitratos, yodo y microplásticos.

La troposfera y el rol de la contaminación humana

Estella explicó el proceso físico y atmosférico que explica la presencia de estos compuestos dentro de las capas bajas de la atmósfera (la troposfera, que se extiende hasta unos 12 kilómetros de altura):

Para que el vapor de agua suspendido en las nubes se condense y precipite en forma de lluvia, nieve o granizo, requiere de partículas sólidas en suspensión que actúan como «semillas» o núcleos de condensación.

En ese sentido, detalló que la actividad antropogénica diaria aporta constantemente este tipo de partículas al aire:

  • Gases y fricción vehicular: Desgaste de neumáticos, pastillas de freno y emisiones de combustión.
  • Actividad industrial y quemas: Humos provenientes de procesos fabriles, quemas de pastizales, incendios forestales y basurales.
  • Erosión y suelo: Polvo en suspensión derivado de la deforestación y la desertificación.
  • Microplásticos: Fibras sintéticas desprendidas en lavados de indumentaria que se deshidratan y quedan suspendidas en el ambiente.

El recuerdo de una tormenta sin precedentes

El funcionario recordó la magnitud del temporal de marzo de 2025, que golpeó una franja urbana de 800 metros de ancho por 3 kilómetros de largo en Funes, provocando destrozos en el 60% de los vehículos en la vía pública, edificios municipales, clubes y viviendas particulares, sin registrar víctimas fatales.

«La presencia de estas sustancias debe alarmarnos por el nivel de contaminación ambiental que generamos como sociedad día a día, pero de ningún modo está probado científicamente que alguien haya provocado este fenómeno», concluyó.