Lo que comenzó como una inquietante videollamada un lunes por la noche en una vivienda de Ibarlucea, terminó destapando una red de acoso que afectaba a varios menores. El testimonio de la madre que lideró la investigación privada es estremecedor y pone de manifiesto la vulnerabilidad de los menores en el entorno digital.
«Mi hija me dijo: ‘Mami, me está llamando un número por videollamada, es un tipo que se está masturbando’. Ella pensó que era un grupo de WhatsApp de sus compañeros por el viaje de estudios», relató la mujer. Tras el bloqueo inmediato, la madre inició un rastreo que la llevó a recorrer 1.100 kilómetros de distancia de forma virtual.
Una investigación de película
A partir de la característica del número y datos de redes sociales, la denunciante logró ubicar al sospechoso en Fernández Oro, Río Negro. «Tenía un local de fiambres, helados y golosinas justo frente a una plaza, con mucho acceso a menores», detalló.
La persistencia de la madre permitió identificar al sujeto como Maximiliano R. (33 años). Al profundizar en su búsqueda, halló un dato alarmante: en 2011, el hombre ya había sido denunciado por el abuso sexual de una menor de 12 años.
El modus operandi y la captación
Según el relato, el acosador lograba entrar a los grupos de los adolescentes a través de «comunidades» de WhatsApp a nivel nacional. «Él mandaba audios diciendo ‘sumen gente, agreguen gente’, así recolectaba adolescentes. Una vez que accedía a un chico del pueblo, llegaba a todos los demás», explicó la madre a Canal 4 Regional.
Los testimonios de otros menores confirmaron las peores sospechas:
- El sujeto realizaba las videollamadas exhibiéndose detrás del mostrador de su comercio.
- Ofrecía dólares y regalos a cambio de fotos íntimas o los números de las nenas del grupo.
- Llegó a amenazar a un menor diciéndole que quería repetir con su hermana un ataque sexual previo.
Fuga y silencio
Tras ser encarado por la madre vía mensajes, el sospechoso bloqueó todos sus contactos. «Al día siguiente me enteré por comercios vecinos de allá que empezó a desvalijar su negocio. Se dio a la fuga en cuanto se vio descubierto», señaló la mujer, quien también intentó contactar a la familia del hombre en Cipolletti sin obtener respuestas.
Un llamado a la concientización
Pese a que la denuncia fue radicada el pasado 24 de marzo en la Subcomisaría 17ª, las familias sienten que la causa está estancada por cuestiones de jurisdicción entre Santa Fe y Río Negro.
«Muchos preguntan qué hace una nena de 12 años con un celular, pero hoy todos tienen. Yo a mi hija la súper controlo y la hablo, e igualmente este tipo tuvo acceso a ella. Esto pasa por concientizar: si los chicos hablaran antes con sus padres, estas cosas no llegarían tan lejos. Esto venía pasando hace un mes con otros nenes y nadie decía nada», concluyó con angustia.



