El transportista Arnaldo Bravo relató el duro panorama que atraviesa el sector en plena cosecha. Si bien destacó que el sistema de turnos STOP 5.0 funciona bien para el ingreso, reclamó que se regule a los puertos por las demoras extremas y el pésimo estado de los caminos internos.

En plena etapa final de la cosecha y a la espera de la campaña de maíz de segunda, el sector del transporte de cargas atraviesa un buen momento de trabajo, pero padece las históricas deficiencias de infraestructura y logística en el cordón industrial.

En diálogo con nuestro medio, Arnaldo Bravo hizo un balance positivo sobre el volumen de actividad, destacando que su centro de transporte, con tres años en funcionamiento, se encuentra en pleno crecimiento. En la actualidad, el centro coordina la labor de 13 camiones propios y continúa sumando vehículos de colegas provenientes de pueblos vecinos. Sin embargo, la contracara de esta actividad es el calvario diario al volante.

El estado de las rutas: «Cada vez peor»

Al ser consultado sobre la transitabilidad en los accesos a las terminales, Bravo fue tajante: «La verdad que cada vez peor». El conductor explicó que los baches son imposibles de esquivar debido al intenso tráfico.

La situación se vuelve aún más peligrosa durante los días de lluvia, especialmente para quienes no son de la zona, ya que los pozos y los pasos a nivel quedan ocultos, provocando graves roturas en los vehículos. Esta precariedad vial obliga a los camioneros a circular a muy baja velocidad, lo que desencadena grandes acoplamientos de rodados y extensas colas en las rutas.

El sistema STOP 5.0 y el colapso puertas adentro

Respecto a la aplicación provincial STOP 5.0, diseñada para ordenar la llegada del transporte pesado, Bravo aseguró no haber tenido inconvenientes. El sistema de asignación y corrección de franjas horarias funciona correctamente y permite un ingreso fluido a las terminales. El verdadero problema, denuncian, comienza una vez que el camión cruza los portones del puerto.

«El otro día tuvimos 27 horas de espera», lamentó Bravo. El transportista consideró que, así como se regula a los choferes mediante la aplicación tecnológica, el Estado debería exigirle eficiencia a las empresas exportadoras. «Habría que regular la parte del puerto también; que vean la mercadería, y si está en condiciones descargar o no, pero no tenerte más de un día adentro del puerto», exigió.

Finalmente, el chofer descartó que estas demoras extremas se deban a los controles de calidad (que demoran entre una y dos horas) o a problemas en la descarga, ya que las terminales cuentan con entre seis y ocho vías operativas. Según explicó, el gran cuello de botella se genera por la pésima infraestructura interna. «La transitabilidad acá adentro es capaz que un poco peor que afuera; mover el camión de la playa de calado al muelle es un traslado muy difícil», concluyó haciendo referencia a su experiencia en Puerto San Martín.