Bailarín, maestro y referente del folklore argentino, dejó una huella imborrable en generaciones de artistas y en la cultura regional. Ayer, a 76 años de su nacimiento, su legado sigue vivo en cada danza.

Hablar de folklore argentino y del arte de bailar chacareras, cuecas, zambas o chamamés es, inevitablemente, traer a la memoria al querido Emilio Arcec, una figura fundamental de nuestra cultura regional. Nacido en Rosario el 5 de febrero de 1950, hoy cumpliría 76 años. Lamentablemente, por esas cosas de la vida y de la muerte, Emilio se nos adelantó en el viaje hacia la casa del Señor, para quienes somos creyentes.

Durante muchos años fue profesor de danzas folklóricas en gran parte de la región, formando ballets y sembrando amor por lo nuestro en localidades como Totoras, Bustinza, Cañada de Gómez, Carcarañá, Correa, San Jerónimo Sud, entre tantos otros pueblos y ciudades que vieron crecer a sus hijos en el conocimiento y el respeto por lo vernáculo de nuestro suelo.

Quienes lo conocimos de cerca sabemos que Emilio era un hombre al que le dolía la patria en su esencia cultural. De carácter recto y exigente a la hora de enseñar, cuidaba hasta el mínimo detalle: desde el sombrero y las pilchas del paisano, hasta el vestido y las trenzas de la donosa. En el malambo, ya fuera norteño o sureño, insistía en la postura, el porte y la presencia escénica que debían honrar la danza y su historia.

Pero también era ese ser cálido y profundamente humano, amigo y consejero, que sabía escuchar a su grupo en largas charlas o en viajes compartidos. Muchas veces fue sostén, brindando una palabra justa, un consejo de vida o una mano solidaria a quien lo necesitara. “Por favor”, “gracias” y “disculpe” eran palabras habituales en su decir, reflejo de su respeto y compromiso con los demás.

Comprometido de manera absoluta con su arte, lograba que el público se pusiera de pie cuando “el Negro” bailaba una zamba, o que la Plaza Próspero Molina se deleitara con su interpretación de un chamamé.Qué lindos recuerdos nos dejaste, querido Emilio.
Hoy y siempre, tu luz jamás dejará de brillar en cada escenario, en cada pañuelo al viento y en cada corazón que aprendió a amar el folklore gracias a vos.