El 6 de junio pasado no fue una jornada más para nuestra región. Esa mañana, apenas despuntaba el día, fue hallado el cuerpo sin vida de Franco Ariel Hueso, un joven de 26 años oriundo de la localidad de Ibarlucea quien había desaparecido horas antes cuando en moto se dirigía hacia la ciudad de Funes por una entrevista laboral.
Franco fue hallado en la intersección de dos caminos rurales en jurisdicción de Roldán, a unos cinco kilómetros de la zona urbana, víctima de un brutal homicidio: atado de manos, calcinado, con una bolsa en su cabeza y un disparo en el cráneo. La causa fue caratulada en primera instancia como Homicidio, estando a cargo la dra. Marisol Fabbro, fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos.
Transcurrido un mes de este brutal crimen, las investigaciones han avanzado más nada que poco: no hay certezas acerca del móvil de hecho y menos de quienes lo cometieron. Entre las hipótesis se barajó la intervención policial, aunque parece que todo cayó en saco roto y las autoridades judiciales parecen haberse olvidado de este asesinato.
A un mes de este crimen, sus familiares y amigos organizaron una nueva marcha por las calles ibarlucenses que partió desde la vivienda que Franco habitaba, en calles San Lorenzo y Suipacha, y que se dirigió hacia el arco del acceso principal a la localidad, sobre la Ruta Nacional 34, exigiendo que se haga justicia por Franco y que se sepa la verdad y se condene a los responsables.
.



