Un reciente informe presentado por la Fundación Conin en la provincia de Santa Fe volvió a poner sobre la mesa la preocupación por la calidad de la alimentación en la población infantil, registrando índices de baja talla y malnutrición en niños y adolescentes. Frente a este escenario, Canal 4 Regional dialogó con la Dra. Natalia Giordani (pediatra y gastroenteróloga infantil), quien analizó los desafíos actuales de la nutrición y brindó herramientas clave para detectar y prevenir problemas desde el hogar.
Giordani celebró que este tipo de estudios poblacionales funcionen como un disparador para visibilizar una realidad que los médicos observan a diario en los consultorios. En ese sentido, destacó un dato alarmante reportado por la Organización Mundial de la Salud (OMS): por primera vez, el mundo registra un mayor número de niños malnutridos y con sobrepeso que niños desnutridos.
¿Desnutrición o malnutrición?
La especialista detalló las características que diferencian ambos cuadros clínicos, explicando que no siempre un niño con un peso aparentemente normal se encuentra sano:
- Niño desnutrido (o desnutrido crónico): Presenta indicadores altamente objetivables. Su peso o su talla no coinciden con las curvas de crecimiento de referencia utilizadas a nivel mundial.
- Niño mal nutrido: Puede ubicarse de forma perfecta dentro de los percentiles normales de las curvas de crecimiento o incluso manifestar sobrepeso. Sin embargo, al estudiar su organismo, se evidencian marcadas deficiencias en sus micronutrientes y valores de laboratorio, como falta de calcio, vitaminas, albúmina y otras proteínas esenciales. Su diagnóstico se realiza principalmente a través del interrogatorio en la consulta médica.
«En el caso del niño mal nutrido, el problema radica en la calidad de los alimentos que ingiere y no en la cantidad de calorías que recibe», advirtió la profesional.
El peligro de los ultraprocesados
La doctora señaló que la industria alimentaria actual diseña productos específicos para que resulten sumamente llamativos, tentadores y adictivos. La combinación de colorantes, aromatizantes y múltiples aditivos químicos genera un estímulo que impulsa a los chicos a querer consumir cada vez más, desplazando los hábitos saludables.
Lejos de plantear una prohibición absoluta en una sociedad donde estos productos están instalados, Giordani aconsejó buscar un equilibrio y «mixear» las opciones diarias.
Volver a las bases: los primeros 1000 días y la comida simple
Desde las comunidades científicas se hace especial hincapié en proteger los primeros 1000 días de vida del niño. Esto abarca desde asegurar una óptima nutrición de la mujer embarazada (controlando también el uso de medicamentos y antibióticos), hasta promover los nacimientos por vía vaginal y extender la lactancia materna el mayor tiempo posible antes de su inserción al mundo laboral.
Para mejorar la alimentación cotidiana en las casas, la especialista recomendó retornar a los alimentos simples que provienen de la tierra y dejar un poco de lado los paquetes:
- Frutas y verduras: Mantener una variedad de al menos cuatro o cinco vegetales disponibles en el hogar. Un truco efectivo con los niños es ofrecérselas ya peladas y cortadas para facilitar su consumo.
- Cereales y legumbres: Incorporar de manera frecuente arroz, fideos, sémola, polenta y legumbres, estas últimas fundamentales por su alto aporte de fibra.
- Frutos secos: Ofrecer nueces, almendras o maní, adaptando el formato de presentación según la edad del menor.
- Agua: Priorizar el agua como la bebida de elección familiar para acompañar las comidas, evitando jugos o gaseosas.
Hábitos saludables en el entorno familiar
Por último, la gastroenteróloga remarcó la importancia de generar espacios de encuentro a la hora de comer. Recomendó apagar las pantallas y alejar los teléfonos celulares de la mesa para favorecer almuerzos y cenas compartidas en familia. Además, aconsejó involucrar activamente a los niños en la cocina: hacerlos participar del proceso de elaboración, permitirles cortar, mezclar y tomar contacto directo con los ingredientes ayuda a que generen una relación mucho más cercana y saludable con la comida.
Respecto a las elecciones de alimentación como el veganismo o el vegetarianismo en menores, la doctora concluyó que, si bien exigen un seguimiento médico riguroso y una suplementación adecuada, le preocupa mucho más la situación de «aquellos chicos que consumen ultraprocesados de forma masiva sin mirar ni registrar lo que comen».



