Obtener por primera vez la licencia de conducir para motocicletas en la provincia de Santa Fe requiere, desde esta semana, una mayor demostración de pericia y habilidad al volante. Ante el crecimiento exponencial del parque automotor y los preocupantes índices de siniestralidad, la Agencia Provincial de Seguridad Vial (APSV) decidió modificar y estandarizar el examen práctico.
En diálogo con Canal 4 Regional, Sebastián Kelman, Director del Observatorio Vial de la APSV, explicó que la medida no altera el proceso administrativo habitual (turnos, curso teórico y psicofísico), sino que eleva la exigencia en la pista de pruebas. «La moto no es una bicicleta con motor, tiene su técnica de conducción. Hay que prepararse, saber manejarla, practicar y demostrarlo», enfatizó el funcionario.
Las tres nuevas pruebas prácticas
Tras recorrer diversas localidades con clínicas de conducción segura, los instructores de la provincia detectaron graves carencias técnicas en motociclistas, incluso en aquellos con años de experiencia. Para los nuevos conductores (mayores de 18 años), el examen unificado ahora exige superar tres circuitos específicos:
- Zigzag: Un recorrido entre conos para evaluar la maniobrabilidad, la postura del cuerpo y el equilibrio a baja velocidad.
- Frenado de emergencia: Una prueba fundamental para demostrar la correcta desaceleración combinada ante imprevistos, evitando derrapes.
- El «ocho» (sinfín): Una maniobra de giro permanente orientada a evaluar la «gestión de la mirada». El objetivo es que el conductor no mire la rueda delantera, sino que proyecte la vista hacia el horizonte para anticiparse a peatones, baches o animales.
Un escenario urbano y riesgoso
Las estadísticas que maneja el Observatorio Vial exponen la urgencia de estas políticas. Kelman detalló que hubo un crecimiento interanual del 60% en el patentamiento de motos. Sin embargo, este boom económico y de movilidad trajo aparejada una tragedia en las calles: el 63% de los accidentes en moto ocurren dentro del ejido urbano, utilizando vehículos de baja cilindrada para ir a trabajar o estudiar.
Como dato positivo, Kelman destacó que los intensos controles realizados por la Policía de la Provincia y los inspectores locales lograron elevar drásticamente el uso del casco. «Hasta hace dos o tres años el uso del casco estaba por debajo del 60%. Hoy, en ciudades grandes de la región, tenemos un acatamiento que supera el 90%», concluyó.



